Confesionales
poema de amor
dios detrás de dios debajo de dios delante de dios
hoy
una mujer se prostituye con el alba.
imagen de parís
Mientras
de manera cordial
como las décadas se anuncian a sus hijos
una mujer a medias le toma la medida a sus cruces.
que se lleven de mí lo que le pertenece al agua
que derrumben en mí las construcciones aladas de la muerte
(nada más natural que mil piedras cayendo sobre julio)
ascesis
ansío
por sobre todo
abrigo para dos
(no)
(no)
abrigo para ti; yo soy el frío.
Presencias
Estoy buscando otro lugar para sentarme a desaparecer.
Aquí no;
pasan demasiados universos por segundo,
todas las glorias tienen dueño,
los momentos se caen.
Aquí los hombres se conforman con muertes pasajeras y vidas absolutas.
Estoy buscando otro lugar para sentarme a desaparecer.
Y que se tome su tiempo la poesía
para borrarme
definitivamente
de la memoria absurda del mundo.
Blanco imperfecto
Hay un hombre en la mira.
Podría apuntarle,
sin duda,
dirigir mis ojos a su pecho
y matar a la bestia.
Prefiero tocarlo.
Y dejar que me toque.
Primero el hombre y luego la bestia y luego ambos.
Está tan quieto,
el hombre,
como si no existiera.
La bestia,
en cambio,
dice que ha soñado que moríamos juntos y se mueve.
La siento moverse y ya no es tan fácil apuntarle a este hombre.
Su pecho baila.
Mis manos bailan también, sobre su cólera y su pecho y luego ambos.
Entonces deberá morir el hombre.
A la bestia la quiero como un suicidio en Londres
quiere a la joven poeta que en libertad conversa con el cielo.
Moraleja
El invierno yace inevitablemente sobre mí.
Y le he pedido cien veces que se fuera
pero parece no escucharme.
Son terribles los vientos en la nuca,
el frío en mis espaldas,
sentir que es julio y anochece,
despertarme sabiendo
que habrá de helar entre mis brazos,
oír el llanto de árboles desnudos
bregando por abrigo,
arrodillándose
el sol insuficiente ante la tierra,
dormir
para que cesen las ganas del abrazo
y no saber si es sueño
o pesadilla.
No hay manera de escaparse del tiempo,
ni de librarlo de su eterna sordera.
El por qué de las cosas
La libertad y yo hablamos lenguas diferentes.
O, mejor dicho, yo hablo
y ella se hace la desentendida.
La libertad,
astuta como siempre,
escoge no entender por qué encierro los besos bajo llave
por qué encierro todas las bocas
por qué oculto la llave de la inmortalidad debajo de mi falda
por qué prefiero amar hasta el fin de la noche
dejarme morir varias veces por día
resucitar la última canción de la nostalgia
o estar incontestablemente triste.
Y dejar descansar en paz a todas las metáforas.
Fraternidad
Habiéndome hermanado con el insomnio tantas veces
con los ojos abiertos
con la vigilia eterna
concluyo
despierta como soles
mi parentesco con la noche.
Topus Uranos
Entonces el hombre,
conocedor de sombras,
alza la cobardía de su mano en el viento
y siente,
finalmente,
que es más amigo del vuelo que del pájaro.
El suicidio de dios
El suicidio de dios como descanso.
El suicidio del verso como antesala de la nada.
El descanso del verso como suicidio de la noche.
El verso como dios.
El descanso como antesala del poema.
El poema,
como la noche,
descansa sobre el verso que ha escrito dios para la nada.
Paradójicamente
En un mundo de gente,
nuestra máxima aspiración sería
ser más hombres que bestias.
La gran farsa sería
creer que somos hombres,
vivir todos los días,
evidenciar presencia ante todos los ojos,
como jactándonos de la inmortalidad
cinco minutos antes de la muerte.
Todos los días
Todos se ponen grises cuando llueve.
Todos se visten de color en primavera.
Todos saben volar.
Todos terminan.
Todos alguna vez me vieron,
pronto no me verán,
todos los días
se ponen grises cuando llueve.
Destierro y desentierro
Debajo y encima de la tierra yace lo inconfundible,
la poesía confesional que me perturba.
Entonces el destierro.
El abandono forzoso de la tierra.
De los primeros padres.
De la muy buena gente.
Aquí quedamos los idiotas y los necios.
Entonces desentierro,
con furia y aún así pausadamente
los poemas de mi pecho.
Me entierro y luego
Me destierro y luego
sonriendo como alguien que libre de pecado
esconde todas las piedras
espero convertirme en ángel y en demonio.
sales y mundos
para dormir cercana a la belleza,
acariciándole la nuca,
una noche y un cuento narrado por la lluvia,
y que exista el aún,
en cualquier parte,
en todo siempre,
y que vayamos a buscarnos
como satélites perdidos
como palomas ausentadas del cielo.
Corolario
Quizás esto sea el éxito:
Nadie asiste al funeral de mi último intento de escribir poesía.
Poesía002
Category: Poesía