Manhattan theme

Lustrado el escudo
Bruñida la coraza
Empuña la espada
Ágil, decidido ímpetu
Acecha por las calles
En busca de su Andrómeda
Al reclamo de un blues
Desgarrado, carnal
Envuelto en humo
Con la lengua engalanada
De savia espiritosa
Se aposta en la barra
Es el reposo del guerrero
Baile de lascivia enloquecida
Aturde los sentidos
Del llamado al homicidio.

Andrómeda en la cama
Medusa en el contrato
La soledad en los cimientos
De tan familiar derrota.

Unas notas de swing
Se silencian al salir
Por las puertas del averno
Entre lluvia y frío
A la mortecina luz de las farolas
Se tambalea el antihéroe
Y con él, Manhattan, todos.

En la calle cuarenta y dos
El asfalto teñido en plata roja
La sangre de Medusa degollada
Estremece el hálito de Bob
El taxista negro de Jamaica.

Los guardianes del Olimpo
En un Manhattan transferido
Al feudo de Perseo
Sirven y protegen
El enjuto cadáver
Del monstruo sin palabras.

Bob yace en la impotencia
Explica que un dios de ébano
Arrojó a su amarillo carro
El cuerpo amargo de Medusa.

Mas los jueces implacables
Descargan sus bastos azabache
Sobre la carne blanda del culpable,
Entumece la mirada y el dolor canta:
Confiesa un crimen, dos, los que le manden.

Perseo, ajeno, invisible,
Enfría el crimen bajo el yelmo,
Sombrero de ala ancha
Su propietario es Hades
Prestamista en la tercera
Bajo él los bucles se disputan
La amarga hiel de la derrota
Y el camino que los dioses le han marcado.

Sólo queda Ceto, un duro estibador,
Lobo de mar abyecto
Que a su amada Andrómeda
Esclaviza maniatada
Entre aullidos y palizas.

En el puerto los yonkies
Cantan sus mudas melodías
Una niebla copa las vanas cuencas,
Las cucharas, las sangrías.

Entre fardo y fardo
Ceto maldice y escupe
Después de veinte descargas
Lanzadas desde el barco
Veinte tragos se embalan
Por el gaznate del diablo.

 

El Río Hudson recibe
Los ecos del alarido
Da gracias al Olimpo
Por librarle de esa peste
Y lo traga entre sus fauces
Con la ayuda de Perseo
Clava la daga en la espalda
Un coral su cuello anclado
Al rasgado y putrefacto
De la parricida Gorgona.

Libre al fin, Perseo
Con la urgencia del deseo
Afila la lengua y tararea
Sin culpa, sin miedo,
La canción de las tabernas.

En el sórdido Bronx reside
La perenne mancillada
Que al sentir la puerta tiembla
Como el pájaro aterido
Como la pupila desgastada

Su terror deviene en pasmo
Perseo sonríe con la sangre en el atuendo
Andrómeda rasga el gesto
Incapaz de ser libre
Anhela los golpes, las propinas, las vejaciones.

Perseo hiela la mirada
Andrómeda no lo ama
El guerrero se lanza por Brooklyn
A enmendar su deterioro con la daga.

¿Qué más he de hacer?
Cansado de empuñar un arma
Años de sádicos degüellos
Perseo, exhausto, vigila a Andrómeda
Que sentada en la ventana
Del piso treinta y seis
Mira a la mar.
Maldice Perseo y sube.

Como un cuadro de Goya
El terror vuelve al rostro de la musa
Al ver la mano izada de Perseo.
Y con él el amor añorado,
La calma, la vida.

Perseo agoniza
Por su herida escapa la vida
A borbotones de desgaja.
Sufre para ser amado.
Violencia frente a anhelo.

Desiste.

Andrómeda clava un punzón de hielo en su garganta.
Después se arroja, envuelta en la desidia y el rencor,
Contra quien no pudo salvarla.

En la morgue Perseo y Andrómeda
Yacen bajo sábanas de estraza.
No estaba escrito en Manhattan
El nombre amable de Micenas.

Poesía006

Category: Poesía

Comments are closed.

Back to top