Pasado y futuro en remolinos
Esa noche me adentré en la selva,
sin otra razón que la costumbre.
Entre tantas centellas y bullicio
Estaba yo un poco aturdido y…
sin el sigilo para la caza exigido.
Hastiado de presas fáciles y desabridas,
sin otra razón que el hábito,
sin atreverme a esperar nada de esa selva.
Sin saber que otro cazador estaba al asecho,
el más grande e impiadoso.
Y sí, tal como es de suponer,
era precisamente yo su perfecta víctima,
aquella que sin saberlo o proponérselo,
desea ser cazada, anhela sentirse acorralada.
El gran cazador un rastro me dejó como señuelo.
Con total ingenuidad me dirigí a la trampa,
una bella laguna de aguas claras y seductoras.
Mi sed se hizo insoportable apenas vi ese manantial.
En ese momento distinguí dos maravillosos remolinos,
que llevaban a las más absolutas profundidades.
No pude escapar a la tentación,
simplemente no evite sumergirme en ellos,
e ingrávido me dejé caer en esos remolinos,
en el centro de ese exuberante manantial.
El gran cazador cobró una nueva presa.
Gire y gire dentro de ellos maravillosamente mareado.
Entonces los vi, eran mi futuro y mi pasado,
Mi pasado y mi futuro en remolinos.
Sabía a que profundidades me dirigía,
al alma de la laguna y a la mía propia.
Iba directo a lo más profundo de mí mismo.
Para Karen… mi laguna y sus dos profundos ojos.
Poesía016.
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