El desierto

Canta el aire del siroco
en este desierto de males
me siento desolado
y me abandona la razón poco a poco

Canta el resoplido de los monzones
escucho los aires y me vuelvo loco
tengo cuidado de no creer en todo
una Fata Morgana me juega un juego torvo
y en medio de todo un oasis pronto

Tengo la alegría de no estar solo
un principito me ayuda en todo
le dibujo un cordero y me sonríe hermoso

Dromedarios y camellos en el horizonte rojo
turba de arena en las dunas del loro
delirio nocturno producto del soponcio
locura esquizofrénica que añora un tálamo propio

Creo en la noche, en el ocaso bermejo
creo en Dios y en el cielo claro
creo en mi dicha y a lo lejos veo
una mujer en rebozo nómade eterna
hija de Febo y Polo

Juego eterno de dioses en foco
tambor de bereberes espejismo acústico
grey de errantes de humano antojo
todo es mentira en este desvecinado amorfo

La luna marchita salió hace poco
alumbró mi camino, mi vida y mis ojos
vago errante, y a lo lejos noto
una luz centelleante, en medio del nocturno trópico
veo un destello fulguroso en la penumbra del yermo
soy Pedro en el páramo, en un baldío inhóspito

Los pies me resecan, las yemas me queman
la arena caliente, me toca el corazón
la luz cegadora, se hace más lejos
sólo veo un erial infructuoso
que continúa en el infinito mar carminoso

Arriba veo, un hombre en un mástil
Pedro el Ermitaño, o San Antonio

Mi camino encendido
terminó hace poco
cual procesión religiosa
y herida de crucifixión que toco
espero la víbora que me saque del lodo
espero la muerte en el eriazo solo
la sed me ha ganado
el hambre no tiene coto

Mis fuerzas se agotan en la soledumbre
mi hálito final está cerca
la estepa me hace su hijo
y me fundo en su seno
como un Ícaro roto

Cuando no veo salida, hay una luz al fondo
una sombra se acerca, lento, poco a poco
un beduino envuelto, cubierto el rostro
me toma la mano, y me da un sorbo

Mis fuerzas regresan, en la tienda reposo
sobre alfombras persas, allí me mejoro
dátiles y miel, leche y cuidados
hacen de mí pobre, un nuevo devoto

Mis sienes palpitan, mi sangre rebroto
de cuidados que me dio el moro
ahora ya vivo, ahora ya duermo
me siento de regreso en el valle rocalloso

De Oran a Fez a Casablanca, de Marrakech al Sahara
encontré mi camino aleatorio
ahora yo erro, con los nómades del morro
hago de pro, y sin alboroto
tengo mi dicha, mis camellos, mi toldo
y alguien que me espera, siempre en mi soto.

Poesía024

Category: Poesía

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