El origen de las estrofas

May 31st, 2007 — 2:36pm

Categoría: Poesía
Título: El origen de las estrofas
Autor: Poesia018

Sólo conozco el verso como la voz
rara
oculta
desafinada
de mis barriadas más pobres
donde las ideas
hacen malabares para mantenerse en pie
cosen dobladillos y petachos a cero cincuenta
se emborrachan contra los adioses
trampean al feroz casino del tiempo
logran gotas de silencio
hasta no pensar
y
no sentir
y
no saber

de las callejuelas grises
mil voces desafinadas
lejos
del resentimiento
del rencor
de los himnos
mil voces solitarias
la desatinada libertad del desplome
el beso en la lona
un quizá borrado en una pared roja
la carrera perdida de cada día
la patria de las zapatillas rotas
mil voces desforestadas
sin lirios
y
sin hierro
y
sin ardor
y
sin sueños

Sólo conozco el verso como la voz
inexplicable
apartada
desentonada
de mis barriadas más pobres
donde
ni mi educación
ni mis mayores
ni mi destino
han invertido
en alcantarillar
para las inclemencias
en alumbrar
para los enanos de la sombra
en empedrar
para olvidar las pisadas que huyen
aquí lucen
los grandes carteles
de
el sentimiento
y
el alma
y
la rima
y
sólo se consiguen
en las tiendas del centro

Poesia018

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El Reloj

May 31st, 2007 — 2:27pm

Categoría: Prosa
Título: El Reloj
Autor: Prosa026

EL RELOJ
Dicen que el tiempo es un enemigo incansable que como un gusano nos roe el espíritu deteriorándonos lentamente hasta llevarnos hacia una inexorable y agónica muerte. Durante miles de años, los hombres lucharon contra este enemigo invisible buscando cientos de remedios que consiguieran el bien más preciado, la inmortalidad.

La casa era muy vieja, los muros desconchados que la sostenían emitían crujidos extraños lamentándose del peso que habían estado soportando desde su nacimiento, ya derrotados por la vejez, amenazaban con derrumbarse mientras aguantaban una enorme techumbre a la que faltaban algunas tejas como si fuera la cabeza de un anciano que va perdiendo el abundante cabello que tuvo en su juventud. Las puertas y ventanas miraban a la calle con ojos cansados desde unos vidrios sucios y gastados por los años que se mostraban como quevedos hacía tiempo ya, inservibles. En la mansión vivía un anciano al que todos en el pueblo tenían por una persona amable y muy querida. El viejo Marcos, que era como le llamaban, era un hombre muy alto de cabellos níveos y de rostro agradable desde el cual unos ojos azules miraban con la alegría y calidez del mar en un hermoso día de verano. El longevo Marcos, pese a su edad, estaba lleno de vitalidad, y eran innumerables las veces que sorprendía a sus conocidos con sus muestras de energía casi juvenil. Hombre alegre, tenía dos hijas que marcharon del pueblo hacía tiempo, al casarse con hombres apuestos y de sólida posición, tal y como correspondía a los usos del momento. Al quedarse sólo, se decidió a contratar a un ama de llaves que habitaba en una casa contigua a la mansión principal y que se ocupaba de los quehaceres domésticos. Ésta, era ya una mujer gastada por el tiempo de carácter dulce y apacible que al quedarse viuda siendo muy joven, se había trasladado a la propiedad del anciano, huyendo tal vez, de una condena a la soledad que con el tiempo habría sido perpetua.

Así pues, nuestro protagonista vivía solo en la casa donde había estado toda la vida y también es cierto, que ligeramente apartado de las cosas mundanas, llevando en resumen una apacible y tranquila vida.

El caserón puertas hacia dentro, acogía unas enormes estancias preñadas de unos muebles de vetusta madera que soportaban el rigor de los años con la dignidad que otorga una noble vejez. Durante el día todas las ventanas estaban abiertas inundando de luz las habitaciones las cuales se regocijaban al recibir el saludo del astro rey. Al entrar, el visitante ocasional llegaba a un inmenso recibidor que era como un lago donde caían unas escaleras de caracol por las que se accedía al piso de arriba, en el que estaban los dormitorios y una pequeña biblioteca, allí era donde Marcos guardaba su tesoro más preciado, El Reloj. Evidentemente, en la casa había varios relojes de diferentes tamaños y edades, pero sólo uno de ellos era El Reloj. El Reloj, era un hermoso aparato de pie muy antiguo construido de madera y vidrio y que estaba extrañamente decorado. En la parte superior, unos ángeles se enfrentaban a unos demonios en un combate eterno, estaban separados por unos insólitos símbolos escritos en una lengua olvidada hacía siglos. Bajo ellos, una estrella maldita de bronce brillaba de forma suave mientras los rayos de las saetas marcaban sin pausa el paso de unas horas escritas en latín y con los planetas dibujados en ellas con misteriosas combinaciones. La rueda temporal, descansaba sobre una tabla de madera que servía de techo al hueco por donde aparecía, tras un cristal, el eterno péndulo. Es extraño el sonido de un péndulo, yendo y viniendo sin cesar repitiendo esa cadencia hipnótica que se nos mete en los oídos de forma inverosímil como los latidos de un corazón que al marcar la vida también nos avisa del tiempo que nos queda por vivir. El anciano veneraba ese reloj, se pasaba horas y horas cuidándolo y mimándolo como si le fuera la vida en ello. Estaba obsesionado y, pasara lo que pasase, el Reloj nunca debía pararse. Día tras día Marcos revisaba su reloj, lo ajustaba, le daba cuerda y lo miraba con una inconcebible mezcla de odio y afecto que nadie podía entender. Era su ángel que lo esclavizaba, el guardián de su vida y su carcelero. Pasaron los años y la obsesión del anciano por el reloj aumentó con cada día que pasaba. Pronto no hizo otra cosa sino que mirar el diabólico instrumento, sin beber, comer o dormir apenas, quedándose horas
sólo con su reloj. El ama alarmada por el estado del viejo, avisó a la familia de éste llegando al poco tiempo uno de sus nietos, médico de profesión, para examinarlo. Para conseguir que durmiera le hizo tomar unas pastillas que con rapidez hicieron que Marcos cayera en un profundo sueño. Sin amo que le cuidara y le diera cuerda, el reloj se paró una triste noche de tormenta a eso de las doce. Al amanecer del día siguiente el anciano apareció muerto en su lecho. EL corazón se le había parado. Antes de marchar, el nieto de Marcos descubrió El Reloj, allí en la biblioteca, y decidió darle cuerda. Cuando se puso en marcha, el médico notó como una mano helada surgía de las entrañas del instrumento para arrancarle su espíritu y encerrarlo dentro de la madera, fue entonces cuando lo entendió. Comprendió que nunca podría abandonar esa casa, que su corazón latía con el sonido de un terrible péndulo encerrado entre madera y cristal, y que, su secreto, el misterio del Reloj sólo quedaría desvelado cuando éste volviera a pararse.

Prosa026

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Benjamín Pantier

May 23rd, 2007 — 7:50am

Era un hombre tan afortunado que apenas si me lo creía. Había llegado a pellizcarme tantas veces en esas épocas que los moretones cubrían casi todo mi brazo derecho. Soy zurdo claro.

Por esos años había logrado éxitos laborales impensables, y la única mujer deseada por todos me había elegido, dos años después de que yo la eligiera a ella. Una primera charla, algunos encuentros, y derecho al altar. No me hubiese permitido tocarla de otro modo, así que a pesar de mi judaísmo fui con el cura y jure amarla ante la Biblia hasta que la muerte nos separe. Por eso, cuando lo decidí, recordé mi juramento y supe que la única forma de no traicionarlo seria siguiéndolo al pie de la letra.

Ella era una maldita perra mal parida. De haber sabido cuanto veneno tenía encima la habría matado en el momento mismo del primer encuentro, pero claro, estas cuestiones deben padecerse primero para que la venganza sea, como fue en mi caso, un verdadero placer impostergable y definitivo.

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Constelaciones

May 23rd, 2007 — 7:38am

I
Desterrada la voz que se propaga
Desde lo no dicho
Enuncio la palabra que se entusiasma
Con eufemismos.

II
Del temblor de tus labios
Resucito
La verdad inmaculada
Y desplazo,
La mentira perpetrada.

III
En el país de las maravillas
Encontré, recostado en el espejo
Tu recuerdo sin reflejo.

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Demasiado amor

May 23rd, 2007 — 5:51am

Me levanto sin ganas de luchar. No tengo ganas de hacer nada. La vida me ha tratado muy mal: me han dejado todas las novias que he tenido; en el trabajo me dicen que tengo que ir a trabajar los fines de semana: bueno, lo dicen los bancos y mi madre, que es una señora de los pies a la cabeza porque lleva trabajando desde los trece años, y a la que se le queda prendida una sonrisa si le aprietas las carnes maternas.

Ahora a ella y a el viejo les quieren quitar un millón y medio de las antiguas pesetas, porque a la Madre se le ocurrió resbalar en una escalera tonta, cosa que hizo enfadar mucho a mi padre, provocándole una iracunda sensación de buscar justicia para el necesitado.

Mi madre piensa que el acto en cuestión había sido por materialismo, aunque no es eso lo que me dicen los ojos de mi padre cuando le descubro mirándola por debajo de la costura rabiosa de los años.

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Pasado y futuro en remolinos

May 21st, 2007 — 10:14am

Esa noche me adentré en la selva,
sin otra razón que la costumbre.
Entre tantas centellas y bullicio
Estaba yo un poco aturdido y…
sin el sigilo para la caza exigido.
Hastiado de presas fáciles y desabridas,
sin otra razón que el hábito,
sin atreverme a esperar nada de esa selva.
Sin saber que otro cazador estaba al asecho,
el más grande e impiadoso.
Y sí, tal como es de suponer,
era precisamente yo su perfecta víctima,
aquella que sin saberlo o proponérselo,
desea ser cazada, anhela sentirse acorralada.
El gran cazador un rastro me dejó como señuelo.
Con total ingenuidad me dirigí a la trampa,
una bella laguna de aguas claras y seductoras.
Mi sed se hizo insoportable apenas vi ese manantial.
En ese momento distinguí dos maravillosos remolinos,
que llevaban a las más absolutas profundidades.
No pude escapar a la tentación,
simplemente no evite sumergirme en ellos,
e ingrávido me dejé caer en esos remolinos,
en el centro de ese exuberante manantial.
El gran cazador cobró una nueva presa.
Gire y gire dentro de ellos maravillosamente mareado.
Entonces los vi, eran mi futuro y mi pasado,
Mi pasado y mi futuro en remolinos.
Sabía a que profundidades me dirigía,
al alma de la laguna y a la mía propia.
Iba directo a lo más profundo de mí mismo.

Para Karen… mi laguna y sus dos profundos ojos.

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El éxito

May 21st, 2007 — 10:14am

Un día Él se me apareció en un sueño y me dijo:

-Tienes dos opciones: esforzarte y llegar hasta arriba, o conformarte con la tibia mediocridad de la mayoría, sin tener que pasar los sufrimientos necesarios para la grandeza (ambos sabemos lo que significa para ti en este momento). Siéntete libre, la opción es tuya y sólo tuya.

-¿Y qué me aconsejas? ¿qué es lo que está bien para vos?

-Lo que tú quieras, la única regla que tengo que seguir es la de no interferir en el libre albedrío… y no puedo desafiarla, así que elige ahora.

-Pero..¿.y si no me decido en este momento? ¿por qué no tengo tiempo para una decisión tan difícil? Y… ¿por qué yo? ¿POR QUÉ YO?

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INVITACIÓN AL BANQUETE

May 21st, 2007 — 10:13am

Si usted al título leer, espera un cuento de hechos o actos acaecidos en un pueblo de humanos cerca de alguna ciudad o en pleno campo, no siga porque no lo encontrará.-

Nuestra historia se desarrollará en un pueblo de pocos habitantes que posee una particularidad: no es de personas.- Los personajes principales son ellos, los habitantes del lugar.-

La historia la narrará una mujer, Mercedes de aquí en más, pero otros humanos también intervendrán y son los dueños de donde el pueblo localizado está una pareja Federico y Soledad.-

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EL CLICK

May 21st, 2007 — 9:13am

“¿Cómo es que durante el viaje en el metro no advertí que me observaban?” se interrogó Petunia mientras se ponía la bombacha observando el suave meneo de sus senos. Petunia pensó “tetas”, no senos, y repitió en voz alta “mis tetas, mis tetas” demostrándose que era capaz de llamar a las cosas por su nombre, como si con esa mínima rebelión justificara la aventura que acababa de consumar, en la que había violado normas que le fueran inculcadas en su hogar y que ella, en algún momento, imaginara inscriptas en la bóveda celeste en áureas letras.

Al quedar sola en ese departamento aprovechó para recorrer con displicencia los ambientes, curioseando las fotos colgadas de las paredes y abriendo algunos cajones tratando de no desordenarlos. Después entró al baño, tanto más amplio que el suyo, para higienizarse y recomponer el maquillaje. Cuando se sentó en el sillón del living, advirtió que todavía tenía en la mano las llaves que le diera para poder ingresar allí en futuras ocasiones y recordó que al dársela había agregado en voz más baja, sonriendo como para quitar peso a la frase, “o para el caso en que decidieras venir a vivir conmigo”.

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El sueño de Arrowed

May 21st, 2007 — 9:10am

Y Arrowed le contó que aquél día la puerta no cerró bien y esto le fastidiaba. Hubiera preferido no tener que volver a cerrarla; volvió sobre sus pasos y dio un portazo. Siempre saliendo, su vida se había tornado en un continuo salir, en una huida inacabable. Cada vez más deprisa, cada vez sintiendo más cerca, a su espalda, la prisión, el hedor húmedo y blando del calabozo. Nunca quiso huir pero era necesario. Había que abandonar el nido caliente y mortecino, la estabulación definitiva. Más la vida se preveía dura y agreste. Se sintió un conejo, como un pequeño conejo de granja, acostumbrado a tener el calor y la comida seguros. Ahora todo había cambiado y no había seguridad ni calor, solo miedo a una muerte prematura en un lado y, en el otro, terror a lo desconocido, a la soledad, a tener que valerse por sí mismo. Siempre en compañía, no conseguía hacerse a la idea de estar solo, irremediablemente solo como todos… como se nace se muere – pensó -, y eso no lo puede cambiar nadie. Arrowed necesitaba vivir.

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